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Infraestructura

Una copia de seguridad que nunca has restaurado no es una copia

Casi todas las empresas hacen copias. Muchas menos han comprobado que se pueden restaurar. La diferencia entre las dos cosas solo se descubre el peor día posible.

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Centro de operaciones supervisando la infraestructura y las copias de seguridad de una empresa

La copia de seguridad es el clásico ejemplo de trabajo cuyo valor solo se comprueba en el momento en que ya no hay margen de maniobra. Hasta entonces, lo único que se ve es un informe con marcas verdes.

El problema es que ese informe verde responde a una pregunta menos exigente de lo que parece: dice que el proceso terminó, no que el contenido sirva.

Lo que un informe correcto no garantiza

  • Que el fichero se pueda abrir. Una copia corrupta se completa igual de bien.
  • Que estén todos los datos. Es habitual descubrir que una base de datos nueva nunca se añadió al ámbito de la copia.
  • Que se pueda restaurar en un plazo aceptable. Recuperar tres terabytes desde un servicio remoto puede llevar días.
  • Que exista dónde restaurar. Si el servidor original ha ardido, hace falta hardware o infraestructura de destino.
  • Que alguien sepa hacerlo. El procedimiento suele estar en la cabeza de una persona, y no siempre esa persona está disponible.

Las dos preguntas que ordenan la conversación

Antes de hablar de herramientas conviene responder dos cosas, y responderlas por sistema, no en general:

  1. ¿Cuánta información puedes permitirte perder? Si la copia es diaria a las tres de la madrugada, un fallo a las seis de la tarde cuesta una jornada entera de trabajo. Para algunos sistemas es asumible; para la facturación, casi nunca.
  2. ¿Cuánto tiempo puedes estar parado? No es lo mismo un sistema que puede esperar dos días que uno que detiene la producción en dos horas.

De esas dos respuestas sale todo lo demás: la frecuencia, la tecnología y el presupuesto. Hacerlo al revés —elegir la herramienta primero— es lo que produce estrategias caras que no cubren lo importante.

La regla 3-2-1, y por qué sigue vigente

Tres copias de los datos, en dos soportes distintos, con una de ellas fuera de la ubicación principal. Es una regla antigua y sigue siendo el mínimo razonable, porque cubre los tres escenarios que de verdad ocurren: el fallo técnico, el desastre físico y el error humano.

A esa regla conviene añadirle hoy una condición más: al menos una copia debe ser inmutable o estar fuera del alcance de las credenciales del día a día. Un cifrado malicioso que llega con permisos de administrador cifra también las copias conectadas.

La prueba que casi nadie hace

Restaurar de verdad. No comprobar que el fichero existe: levantar el sistema en un entorno aparte, abrirlo y verificar que los datos son los que deberían ser.

Esa prueba responde de una vez a todas las preguntas anteriores y suele producir sorpresas la primera vez que se hace: una carpeta que faltaba, una restauración que tarda el triple de lo estimado, un procedimiento que ya no coincide con la infraestructura actual.

Escribir el procedimiento antes de necesitarlo

El día del incidente nadie está en condiciones de improvisar. Merece la pena tener en papel —y fuera del sistema que puede caerse— quién decide, a quién se avisa, en qué orden se levantan los sistemas y qué se comunica a clientes o proveedores.

Es media hora de trabajo que se agradece muchísimo una vez en la vida.

Una copia que no se ha restaurado nunca es una hipótesis, no una copia.

Siguiente paso

Cuéntanos qué necesitas resolver

Da igual si es una necesidad concreta o un proyecto completo todavía sin definir. La primera conversación sirve para entender el problema y decir con franqueza qué haríamos y qué no.